martes, 14 de enero de 2014

Cinco claves comunicacionales para entender el impacto del tifón Haiyan

El peor evento natural del 2013 dejó algunas pistas que pueden ayudar a mejorar la información pública



El tifón Haiyan (Yolanda, según otras denominaciones) tuvo un efecto letal pese a haber sido monitoreado, día a día, por organismos y gobiernos. Algunos expertos destacan una serie de situaciones que ayudaron a crear las condiciones sociales para tanta destrucción. El poco acceso a la información preventiva y mensajes pocos claros se cuentan entre los errores.

Adelfo Solarte
adelfo.solarte@gmail.com

En la lista de desastres a partir de eventos naturales sucedidos en el mundo en el recién finalizado año 2013, no cabe duda de que el Tifón Haiyan, que devastó parte de Filipinas en noviembre pasado, ocupa el primer lugar.
Cuando Haiyan muestre ante la historia su tarjeta de presentación ésta dirá que dejó 6.183 muertes confirmadas, 1.785 desaparecidos, 29 mil heridos, 16 millones de personas afectadas y daños por valor de 831millones de dólares, según el último balance del Gobierno de Filipinas, emitido a comienzos de año, dos meses después de lo que para ese país del sur del Pacífico califica como su peor desastre.
Haiyan logró esos impresionantes números a partir de su inusual fuerza como fenómeno meteorológico lo que le dio el rango de tifón más mortífero en la historia de las Filipinas, el más intenso en la historia  en tocar tierra y el cuarto más intenso en la cuenca del Pacífico.
Si tomamos en cuenta que la región donde se ubica Filipinas – o  sea el sudeste asiático - es la más intensa del mundo en cuanto a ocurrencia de tifones,  ya que en un año promedio tiene 27 meteoros con nombre, veremos porque Haiyan es ahora una palabra fija en la historia meteorológica de la humanidad.
Expertos,  como el meteorólogo norteamericano Timothy P. Marshall, han explicado que el  poder de Haiyan surgió de la convergencia de varios factores entre los que destaca unas aguas oceánicas cálidas que aumentaron la potencia del fenómeno. Este  elemento le dio al evento una de sus particularidades: la de generar vientos récords de hasta 315 kilómetros por hora.
Por cierto que Haiyan fue un detonante igualmente potente – pero también polémico - de la discusión mundial en torno a los reales alcances de los efectos del cambio climático y en específico del calentamiento global.
Es decir, el tifón  Haiyan, es tema  obligado en la discusión internacional sobre los desastres,  sus causas y sus efectos. 
Precisamente por este protagonismo e importancia,  Discovery Channel presentó, la semana pasada, un programa especial de una hora denominado “El Mega tifón de Filipinas”, en el que, con la ayuda de varios científicos analizó como pudo ser posible el surgimiento de una tormenta tan colosal. El programa también reveló los hechos científicos detrás de su devastador y mortal poder, y de la cadena de eventos que propició su aparición.
Aunque no fue el motivo central del programa, de las intervenciones de varios especialistas, entre los que destacan el oceanógrafo Simon Boxall, el meteorólogo Timothy P. Marshall y el vocero y empleado de Pagasa, Centro Meteorológico de las Filipinas, Christopher Pérez, se puede apreciar que además de las condiciones físicas y meteorológicas medidas, existieron algunas condiciones sociales que permiten acercarse a una respuesta del porqué hubo tantas muertes.
Y en esa revisión, se puede establecer la ausencia de de una comunicación eficiente y efectiva como parte de la vulnerabilidad que disparó la ya de por sí redimensionada amenaza, personificada por el tifón Haiyan. De las intervenciones de los expertos en el programa “El Mega tifón de Filipinas” elaboramos una   lista de cinco situaciones que aparecen aludidas de forma aislada en el programa pero que, unidas aquí, permite reconocer a  la “incomunicación” como un  factor de incidencia en el nivel de letalidad de este  evento.

La TV… ¿Y otros medios?

Días antes de la tragedia generada por el paso del tifón Haiyan, el gobierno filipino había activado una campaña televisiva en la que conminaba a la población a tomar las precauciones ante la inminencia de un tifón con todas las características de una “mega tifón”.
El problema aquí fue que en muchas  aldeas pobres, ubicadas sobre la costa, la población, extremadamente pobre, no tenía aparatos de TV como para enterarse o seguir esas recomendaciones.
Probablemente – esto requeriría una investigación más detallada – faltaron medios más ajustados a las características de la comunidad, como por ejemplo el perifoneo, que replicara, ya en una forma más sencilla, lo que la TV transmitía.

¿Entendían todos?

En Filipinas se hablan más de 170 lenguas   autóctonas, casi todas del grupo filipino. Oficialmente sólo el filipino y el tagalo son reconocidas por las autoridades, junto al inglés como idiomas para todo el país.
Esta coexistencia de más de 170 lenguas autóctonas de origen malayo-polinesio es un reto comunicacional. Algunos especialistas estiman que muchas aldeas no comprendieron con claridad los mensajes previos a Haiyan, pese a estar expuestos a las informaciones.

Lo técnico sobre lo comunicacional

Para los expertos, la “marejada ciclónica” generada por los fuertes vientos de Haiyan, fue la responsable del mayor porcentaje de muertes, sobre todo en las áreas bajas de la parte este de la ciudad de Tacloban, al oriente de Filipinas.
Pese a saberse de la posibilidad de una inusual marejada ciclónica, la información sobre este subproducto del tifón, no fue transmitida de forma clara. Lo propios expertos consideran que el término “marejada ciclónica” no le decía mayor cosa a los ciudadanos y que hubiese sido preferible usar referencias a que sobre las costas se sentirían los efectos de iguales a un “tsunami”, aunque no fuese este precisamente  el fenómeno que se presentaría.
En definitiva, la claridad comunicacional, el carácter diáfano de lo que se quería decir, debió estar por encima de las denominaciones técnicas, al menos en  el discurso informativo de los medios.

Tifón: eso ya lo sabemos

Otro elemento comunicacional no  considerado – a partir de lo expresado por los expertos en el programa de Discovery Channel – es que en la información se habló del advenimiento de un tifón, y que tal anuncio no generó ninguna motivación especial para una población acostumbrada a lidiar con hasta una veintena anual de este tipo de fenómenos. 
Parece que las  condiciones particulares que auguraban un “mega tifón” no quedaron claramente expuestas  por lo que la gente no consideró la  situación que se avecinaba como algo fuera de lo  común.

La pobreza condicionó las decisiones

Al igual  que ocurre en muchos países como Venezuela, aquellos que comprendieron el riesgo que implicaba quedarse en una  zona tremendamente  vulnerable,  tomaron una decisión insólita a los ojos de lo que viven en naciones desarrolladas: quedarse  en el lugar del peligro.
Para algunos expertos filipinos, dedicados a analizar los desastres, muchas familias pobres no tienen propiedad sobre sus viviendas y tal situación pudo llevar a miles a preferir quedarse para defender ese  pedazo de tierra -  cuya única posibilidad de reclamo   es la ocupación misma  -  antes que buscar refugio.

Una experta lo dijo en estos términos: “El terror que se produce ante la posibilidad de perder la casa es más fuerte que el terror ante el propio tifón”.  Lidiar con este rango de prioridades sociales, debe ser una realidad que asuman los constructores de los  mensajes dirigidos mediante la comunicación masiva.


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