lunes, 12 de enero de 2015

Haití: los desastres recurrentes impiden concentrarse en la gestión de riesgos

Cinco años después del terremoto, las agencias de ayuda sostienen que se han logrado progresos en instruir a las comunidades sobre lo que tienen que hacer cuando se presenta un desastre, incluyendo sistemas de advertencia temprana, ejercicios de simulación e identificación de albergues. Pero cada desastres ocupa la atención que debía dirigirse hacia los problemas de fondo.




Por Anastasia Moloney / Thomson Reuters Foundation / Material tomado de la página: http://es.investing.com/


Claude Enrico sobrevivió al terremoto que devastó Haití hace cinco años y ayudó a rescatar a las personas que quedaron atrapadas entre los escombros en la destruida capital Puerto Príncipe.
Ahora se dedica a salvar más vidas en el país caribeño, propenso a los desastres.
Ubicado sobre dos fallas geológicas y en la trayectoria de huracanes, Haití está entre los países con mayor riesgo de sufrir desastres naturales en el mundo, incluyendo inundaciones, tsunamis y sequías.
El terremoto, de magnitud 7, que sacudió el país el 12 de enero del 2010, dejando más de 220.000 muertos, fue una llamada de advertencia para el Gobierno y las agencias de ayuda internacional sobre la imperiosa necesidad de proteger a los haitianos de los desastres y generar una resistencia entre las comunidades para tolerar los impactos.
"Tenemos que aprender a vivir con los fenómenos naturales", dijo Enrico, de 37 años, un funcionario de protección civil del Ministerio del Interior de Haití.
"Es inevitable que se produzcan año tras año. Por lo que debemos entrenar a las personas sobre lo que deben hacer en una emergencia y asegurar que las familias tengan un plan de evacuación", agregó.

Red de Voluntarios

Enrico pertenece a una red de 3.000 voluntarios recién entrenados y personal a sueldo, creada a raíz del terremoto, que trabaja en las 10 provincias de Haití.
Capacitados en primeros auxilios y respuestas a emergencias, están al frente de los esfuerzos del Gobierno para garantizar que Haití esté mejor preparado para enfrentar los desastres y pueda salvar más vidas.
"Todavía nos faltan equipos, bomberos y más personas tienen que ser entrenadas. Pero las comunidades son más conscientes sobre cómo estar seguras. Uno de nuestros mensajes claros es decirle a la gente que no cruce los ríos durante una inundación porque es así como a menudo las personas mueren", dijo Enrico en el Centro Nacional de Operaciones de Emergencia (COUN) en el centro de Puerto Príncipe.
Construido en el 2010 después del terremoto, el centro es el lugar dónde se reúnen los ministerios del Gobierno y las agencias de ayuda para coordinar la respuesta a los desastres. El centro, que incluye un depósito que contiene agua, colchones, kits de higiene y alimentos, ha sido puesto a prueba.
Una epidemia de cólera en octubre del 2010, que causó la muerte de más de 9.000 personas, tuvo lugar, seguida de varias tormentas tropicales, incluido el huracán Sandy, que mató a 54 personas y obligó a 100.000 haitianos a evacuar sus hogares en el 2012.
"En Haití, es la acumulación y combinación de desastres lo que ejerce presión en el Gobierno y la gente", dijo Thomas Pitaud, asesor técnico principal del Gobierno en sistemas nacionales de gestión del riesgo de desastres.
Cada año en partes de Haití, casas y animales son arrastrados, los campos inundados, las cosechas de alimentos y las tierras de pastoreo destruidas por tormentas e inundaciones, lo que eleva el precio de los alimentos.
Con un 60 por ciento de la población de 10 millones de haitianos viviendo con menos de 2 dólares diarios, incluso una pequeña alza en el precio de los alimentos puede significar que las familias no logren llevar suficiente comida a la mesa.

Preparación para desastres

Cinco años después del terremoto, las agencias de ayuda sostienen que se han logrado progresos en instruir a las comunidades sobre lo que tienen que hacer cuando se presenta un desastre, incluyendo sistemas de advertencia temprana, ejercicios de simulación e identificación de albergues.
Otros proyectos incluyen la construcción de muros de contención y canales de drenaje, junto con planes de protección de cuencas y diques para conservar los suministros de agua y reducir el impacto de las inundaciones y los deslizamientos de tierra.
Pero esos esquemas, junto con los esfuerzos de haitianos como Enrico, tienen sus limitaciones para reducir la alta exposición a los desastres que enfrenta Haití.
En primer lugar, se han logrado muchos menos progresos de lo esperado en la reducción de riesgos de desastres, y en hacer más seguras todas las nuevas viviendas, hospitales y escuelas que se construyen para resistir un terremoto.
"Hay un ambiente que está muy degradado", dijo Pitaud, quien también trabaja para el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD) en Haití.
"Estamos respondiendo constantemente a una catástrofe tras otra, de modo que es difícil enfocarse a reducir los riesgos en el largo plazo y obtener financiación", aseveró.

FUE NOTICIA ESTA SEMANA



COLOMBIA

ONU premia sistemas
de información de riesgos

La capital colombiana y el estado de Paraná en Brasil fueron reconocidos por Naciones Unidas como los sitios más innovadores en materia de adaptación al riesgo climático, informó el organismo internacional en Bogotá.
El Sistema de Información de gestión de riesgo y cambio climático (SIRE) de Bogotá, Colombia, y el Sistema informatizado do defesa civil estado do Paraná (SIDS) tienen programas innovadores para reducir los riesgos en desastres y adaptación al cambio climático.
El reconocimiento fue hecho por la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR) y estos dos casos serán presentados durante la Conferencia Mundial para la Reducción del Riesgo de Desastres (WCDRR), a realizarse en Sendai, Japón, del 14 al 18 de marzo próximo.
La UNISDR, a través de su Oficina Regional para las Américas, hizo recientemente una convocatoria cuyo propósito era contribuir a la elaboración de un catálogo de buenas prácticas en el uso de sistemas de información.





ALEMANIA

Muertes por desastres
se redujeron en 2014


Las catástrofes vinculadas a fenómenos naturales, causaron en 2014 no solo un número menor de víctimas, sino además muchos menos costes en daños, exactamente, la mitad de la media registrada durante la última década.
Como bien explica el estudio de Munich RE, esto se debe principalmente, a los grandes avances y mejor funcionamiento de los sistemas alerta precoz para las grandes catástrofes. Mejoras técnicas que salvan millones de vidas.
Una de las catástrofes que mayores costes ha provocado en el año 2014, ha sido el terrible ciclón Hulhud, que golpeo con fuerza el pasado octubre en la costa este de la india con vientos de hasta 200 km/h y fuertes lluvias que dejaron a su paso múltiples inundaciones. El avance de este ciclón dejó tras de sí 22 muertos, decenas de heridos y miles de desplazados, por no mencionar los costes en infraestructuras dañadas y de ganado muerto o desaparecido.

Por último, Munich RE, avisa del peligro que se contrae al infravalorar los riesgos que puede desencadenar una catástrofe, de la que en la mayoría de las ocasiones no se conoce realmente la magnitud del desastre. / Con información tomada de: www.lasemana.es


YA NOS PASÓ / El gran terremoto de oriente del año 1766





Bien saben los sismólogos que el Oriente de Venezuela, sobre todo en el estado Sucre,   sea, tal vez, la zona del país con el mayor potencial sísmico.

Esta certeza viene de una historia sísmica con sobrados ejemplos de destrucción.  Uno de los terremotos  ocurridos en Venezuela y que   mayor significación histórica tiene como evento telúrico sea el sismo ocurrido a las 4:30 de la mañana del día 21 de octubre del año 1766. 

Los reportes recogidos a lo largo de los siglos dejan muy clara una cosa: Cumaná y varias decenas de pueblos quedaron en ruinas. No es exagerado decir que toda Venezuela se estremeció.


Ya nos pasó… nos puede volver a pasar

Municipios fuertes, ciudades resilientes


En un orientador editorial el Diario El Litoral, ubicado en la ciudad de Santa Fe, en Argentina, analiza la importancia de fortalecer a los gobiernos locales y la participación de la comunidad en la toma de decisiones como temas claves en la gestión de riesgos. La ciudad de Santa Fe es famosa por sus avances en materia de gestión de riesgos pero, a la par, por enfrentar inundaciones que han puesto a prueba la solidez institucional y la capacidad de organización del gobierno y sus ciudadanos.



Las ciudades deben enfrentar situaciones de desastres pero también la responsabilidad de revisar su actuación frente a esos sucesos para avanzar en el camino de la gestión de riesgos.

La resiliencia, definida como la capacidad de superar una situación adversa o límite, y salir fortalecido de esa experiencia, aparece desde hace algunos años como tema central en la gestión de varios municipios latinoamericanos y del mundo.
Es también uno de los conceptos que estuvo presente en el Congreso Mundial de Derecho, Política y Gestión de Riesgos de Desastres que reunió en la ciudad de Santa Fe, de Argentina,  a juristas, académicos, científicos y autoridades de gobierno para aportar, entre otros puntos, a las agendas internacionales en torno a la reducción y gestión de los riesgos de desastres, y a la elaboración de recomendaciones y propuestas con vistas a próximos foros en esta materia.
Santa Fe tiene mucho para sumar: la capital santafesina obtuvo el reconocimiento de Naciones Unidas como ciudad modelo en la campaña Ciudades Resilientes y recibió en 2011 el premio Sasakawa por haber realizado esfuerzos significativos en la reducción del riesgo de desastres. Tal reconocimiento la coloca en un lugar de alto perfil, tanto en materia de participación a través de las experiencias ya desarrolladas, como de acciones concretas “puertas adentro” de la gestión urbana.
La catástrofe de 2003 (inundaciones) dejó al descubierto la ausencia no sólo de obras para evitar el desborde del río Salado sobre la ciudad, sino también de planes para hacer frente a ese fenómeno y para acompañar rápidamente a los damnificados.
Cuatro años después, en este caso por lluvias, la ausencia de un proyecto que permita minimizar el daño y restablecer la normalidad luego de una lluvia inusual volvió a ser evidente; miles de familias debieron abandonar sus hogares, nuevamente ganados por el agua.
Desde entonces cambiaron planes y gobiernos, se incorporaron al uso común términos que resultaban ajenos más allá del ámbito técnico y científico, y se decidió trabajar a conciencia en la prevención y la concientización.
La importancia de fortalecer a los gobiernos locales, los más cercanos a la comunidad en el momento en que se produce una catástrofe, y la participación de esa misma comunidad en el conocimiento de los riesgos a los que está expuesta por habitar determinado territorio, son ahora conceptos plenamente incorporados a la gestión pública y a los medios de comunicación.
En Santa Fe, con una geografía típica de llanura, el río es a la vez una fuente de ingresos económicos y un referente turístico fundamental, pero también una amenaza. Hacia el conocimiento de esta situación, la planificación de las obras que resulten un verdadero alivio ante el comportamiento natural de los cursos de agua y el ordenamiento territorial para evitar la ocupación de zonas inundables parecen orientarse los principales esfuerzos de las actuales gestiones, con la convicción de que la reducción del riesgo no puede ser vista como un gasto sino como una inversión. Todo lo que se haga para tener una ciudad bien preparada, una comunidad informada y un gobierno comprometido tanto en acciones de largo aliento como en tareas cotidianas suma para hacer real ese concepto inicial, el de resiliencia, por el que esta capital fue reconocida.


Sobre el derecho a saber

El derecho a la información, otro de los aspectos abordados en el mencionado Congreso Mundial, resulta a esta altura un aspecto vital para el correcto manejo de cualquier plan de contingencia.
Es que nuestra región no escapa a un fenómeno que viene creciendo de manera sostenida y acelerada en los últimos años, como es el crecimiento de las ciudades, todo un desafío para la gestión de los recursos naturales.


domingo, 7 de diciembre de 2014

MÉRIDA / Presentan avances en microzonificación sísmica



En el Salón de Sesiones del Rectorado de la ULA será el encuentro

El próximo lunes 15 de diciembre varias instituciones merideñas, en especial las alcaldías de la Zona Metropolitana, estarán recibiendo la visita de investigadores de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) quienes estarán presentando los resultados del Proyecto de Investigación de Gestión Integral de Riesgos en Espacios Urbanos realizado en Mérida, entre estos la microzonificación sísmica de la ciudad de Mérida, la reforma de las Normas Covenin así como algunos modelos de ordenanzas.

El anunció de esta visita lo realizó la arquitecto Ingrid Rodríguez, quien es la encargada de la Coordinación de Protección Civil y Gestión de Riesgos de la Alcaldía del municipio Libertador.

Según la funcionaria estarán presentes Michael Schmitz y Víctor Rocabado, quienes “como era el compromiso asumido en la reunión en el rectorado (de la ULA) el pasado 11 de junio nos habían anunciado que a finales de este año estarían presentando resultados”.


Junto a la Coordinación de Protección Civil del Municipio Libertador la profesora Stephanie Klarica, por la ULA,  funge de organizadora. El encuentro con los expertos de Funvisis se realizará a partir de las 8:30 am en el  Salón de Sesiones del Rectorado en la fecha ya señalada. / AS / CNP: 8965

Por un lenguaje común en la gestión de riesgos ante desastres (y II)








Debemos estar claros: una lluvia o un río no significan desastres 
a menos que construyamos vulnerabilidades en su entorno.

La semana pasada publicamos un primer grupo de conceptos claves en el área de la gestión de riesgos socionaturales y tecnológicos que consideramos básicos para entender de qué va este tema que cada día logra una mayor atención de autoridades y comunidades. Así como algunos grupos organizados de Mérida los han incorporado a su práctica (como Vecinos por el Ambiente en La Mucuy Baja), ¿qué tal si también los reconocemos, entendemos y aplicamos?

Para comprender de qué trata la gestión de riesgos, esta vez nos apoyaremos en la didáctica y esclarecedora explicación que da Gustavo
Wilches –Chaux, un apasionado de la comunicación en gestión de riesgos. Este texto es sólo parte de su libro  “Auge, caída y levantada de Felipe Pinillo mecánico y soldador o yo voy a correr el riesgo”,
Guía de la Red para la Gestión Local del Riesgo. Leamos:

“…Cuando hablamos de desastres, nos estamos refiriendo a sucesos y procesos ya ocurridos, sobre los cuales la intervención posible es básicamente curativa y que de una u otra manera resultan "excepcionales" frente al curso normal de la vida de una comunidad, así las condiciones necesarias para que éstos se produzcan estén íntimamente trenzadas con las características de esa comunidad y de su entorno natural y cultural.
En cambio cuando hablamos de gestión del riesgo, tal y como la entenderemos a lo largo de este texto, estamos hablando de la capacidad de la comunidad para transformar precisamente esas condiciones causales antes de que ocurra un desastre.
Los riesgos, lo veremos más adelante, surgen de la confluencia en una misma comunidad de dos ingredientes: una amenaza y unas condiciones de vulnerabilidad. La amenaza y la vulnerabilidad son como una bomba y una mecha, que de manera
separada no representan riesgo alguno, pero que al juntarse se convierten en la posibilidad de que se presente un desastre.
La gestión del riesgo parte del reconocimiento de que de llegarse a juntar la bomba con la mecha, se pueden producir una serie de efectos destructivos sobre la comunidad y su entorno (efectos que, al producirse, constituirían el desastre), y de calcular cualitativa y cuantitativamente esos efectos, con el objeto de evitarlos, y actuando sobre las causas que los producen.
La Tierra es un organismo vivo, dinámico y cambiante, sujeto a todo tipo de transformaciones "orgánicas", algunas de expresiones súbitas y "violentas", otras graduales y a veces imperceptibles desde la vida cotidiana. Asimismo, la comunidad humana, como parte que es de la naturaleza, es también dinámica y cambiante.
La interacción entre los dos ritmos de cambio, el de la naturaleza y el de la comunidad, puede ser armónica y constructiva, como puede también tener consecuencias destructivas. Es entonces cuando se producen los desastres.
Ambas dinámicas estarán siempre presentes en el proceso de desarrollo de la sociedad humana sobre el planeta Tierra. Dada la capacidad transformadora que ha alcanzado la cultura, existirá siempre la posibilidad de que uno y otro proceso se desfasen (lo cual equivale a que se junten la bomba y la mecha), lo cual conducirá a la aparición o agudización de mutuos riesgos (riesgos para la comunidad y riesgos para los ecosistemas).
En una u otra forma los riesgos estarán siempre allí, y de nuestra habilidad para actuar sobre sus componentes dependerá que éstos no se conviertan en desastres.

Sobre los escenarios


Al espacio y al tiempo en donde esos dos elementos del riesgo (las amenazas y los factores de vulnerabilidad; la bomba y la mecha) confluyen e interactúan, y a las posibles consecuencias de esta interacción, vamos a darles el nombre de escenarios de riesgo.







YA NOS PASÓ / La gran explosión de Tacoa



La explosión de Tacoa se registró el 19 de diciembre de 1982 en la localidad de Catia La Mar, ubicada en las costas del  estado Vargas, cuando un incendio se desató en los tanques de combustible de la estación termoeléctrica de Tacoa. 

Eso ocurrió a las seis y cuarto de la mañana  cuando  una explosión en el tanque número 8 de aquel complejo de generación eléctrica, ubicado en el sector de Arrecife, justo cuando en el mismo se descargaban 16 mil litros de combustible, provenientes del barco tanquero Murachí.

Durante la mañana de ese día, más de cien efectivos bomberiles y voluntarios combatían el voraz incendio, y a las 12:35 del mediodía, debido al fenómeno de boil-over (acumulación de vapores calientes)y cuando el fuego en el tanque número 8 estaba prácticamente controlado, se generó en el tanque número 9 una explosión que mató más de doscientas personas, entre bomberos, periodistas y poco menos de un centenar de habitantes de la zona que, desconociendo completamente el peligro que corrían, observaban entretenidamente las labores de extinción.

Ya nos pasó… nos puede volver a pasar