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miércoles, 5 de abril de 2017

Planes de Ordenamiento Territorial: clave para gestionar el riesgo de desatre

En el siguiente artículo periodístico, elaborado por RCN radio, de Colombia, la referida emisora entrevista al experto en comunicación y gestión de riesgos Gustavo Wilches, quien no duda en apuntar la deuda social que Colombia - y en realidad buena parte de Latinoamérica - tiene con la aplicación seria y sostenida de políticas de gestión de riesgos ante desastres, entre cuyas acciones prioritarias se debe apuntar el desarrollo y aplicación de los Planes de Ordenamiento (u Ordenación) Territorial (POT).
La labor de los rescatistas ha sido ardua y sin tregua, en un intento por localizar a personas con vidas. / Foto propiedad de: elnuevoheraldo.com
Para Gustavo Wilches Chaux, especialista en Derecho Ambiental y Gestión del Riesgo, lo ocurrido en Mocoa este fin de semana, más allá de la tragedia ambiental, es un problema evidente con los Planes de Ordenamiento Territorial (POT), al cual se le debe prestar mucha atención.
“Debemos entender el Ordenamiento Territorial como la necesidad de concertar con la naturaleza y sus dinámicas cuáles son los lugares en donde los seres humanos podemos llevar a cabo determinadas actividades y en qué lugares no podemos hacerlo. Una de esas actividades es habitar, otra es producir, hacer agricultura, ganadería”, aseguró.
En diálogo con RCN Radio, Wilches Chaux señaló que en 2015, la Procuraduría presentó un estudio preventivo, en el que queda demostrado que la mala planeación de los POT son la principal amenaza para la población.
“El informe advertía que el 63% de los municipios colombianos, en ese momento 589 municipios, no habían actualizado sus POT; que el 82% son conscientes de que tienen población asentada en zonas de riesgo, y que 56% de los municipios colombianos, tienen menos de la cuarta parte de su territorio dedicado a usos protectores y por eso cualquier dinámica natural va a generar un gran desastre”, dijo.
El experto en Gestión Ambiental señaló que más allá de pensar en la reconstrucción de una población golpeada por una tragedia ambiental, se debe entender cuáles fueron las causas de lo sucedido para evitar que esas condiciones pongan en peligro más adelante a la población.
“Es importante pensar en reconstruir pero hay que entender cuáles fueron las causas, qué obligó a los ríos a rebotarse, a protestar, a hacer esta manifestación que hicieron, por qué el territorio no aguantó, porque si corremos a reconstruir como si fuera solamente a hacer casas y volver a hacer locales, y volver a establecer la infraestructura que se perdió, se corre el peligro muy grave de reconstruir también las causas del riesgo”, señaló el experto.
Para WIlches Chaux, “aunque la prioridad debe ser la atención inmediata de las víctimas y la normalización de sus condiciones de vida, simultáneamente se debe ir entendiendo cuáles fueron las causas que llevaron al agua a protestar, que llevaron a al río y a las quebradas que se desbordaron a protestar y establecer un proceso de concertación para saber a dónde podemos volver los humanos, qué sitios podemos volver a ocupar y qué sitios hay que devolverle a la naturaleza”.
Agregó que existen casos en los que después de una tragedia al realizarse estos estudios y tomar las medidas de precaución necesarias, se han evitado con éxito, nuevos episodios que lamentar. “Hay muchos casos en los que una buena gestión ambiental ha permitido evitar que ocurran desastres cuando existen condiciones que normalmente generarían un desastre, y sin embargo no lo producen porque hay una buena gestión ambiental, una buena gestión de riesgo y eso no se nota”.
El experto resaltó que la tragedia en Mocoa demuestra también que aunque la autoridad ambiental es consciente de la mayoría de las veces de las situaciones, su capacidad para incidir realmente en las decisiones sobre el territorio está siendo más limitada.
“Estamos convirtiendo los estudios de impacto ambiental solamente en un requisito formal y no realmente en una análisis de si un proyecto no solamente es legal con el Estado sino si un proyecto de tipo económico, una obra de infraestructura es legal también con los ecosistemas y con las comunidades”, enfatizó.
Riesgo en Bogotá por obras de infraestructura
Al preguntársele por las zonas del territorio nacional que podrían estar en peligro por el aumento de los proyectos de infraestructura, el experto en Gestión de Riesgo señaló que en Bogotá existe una grave amenaza.
“En los Cerros Orientales existen 1120 drenajes, existen cinco subcuencas que van a desembocar al río Bogotá y el río Bogotá tiene una serie de dinámicas que hay que respetarlas, se están haciendo obras importantes por parte de la CAR pero hay que tener en cuenta que algo fundamental es que el río pueda tener su derecho a fluir y correr libremente”, dijo.
El experto agregó que aunque se han tomado una serie de decisiones de crecimiento desbordado de Bogotá sobre la Sabana, pasando por encima de dobladillos como la Reserva de Van der Hammen no se puede hablar de que va a suceder una situación súbita como la de Mocoa.
“Bogotá es una ciudad incapaz de resistir un aguacero muy fuerte. Hay razones puntuales como por supuesto, hay que llamar la atención, la gente tira colchones a las alcantarillas, muebles viejos a ríos, que erróneamente llamamos caños, es importante no hacerlo, pero lo fundamental es entender que Bogotá es un territorio que pertenece al agua y le hemos impuesto durante 400 años o más una cultura para otra realidad ecosistémica”, señaló.
Otra de las regiones que según el experto podrían estar en peligro están relacionadas con el informe preventivo de la Procuraduría, en el que 63 municipios no habían actualizado su POT.
“En Colombia hemos avanzado mucho en rescatar a los náufragos, pero cada vez generamos más condiciones para que haya naufragios. A la naturaleza no le interesa si se cumplió con el requisito formal del POT, sino le interesa que sus derechos fundamentales sean respetados, entonces sale a reclamar a la fuerza esos derechos”,concluyó.
Artículo original tomado de RCN Radio
Dos mujeres se abrazan y comparten el dolor ante la pérdida de familiares. La Tragedia de Mocoa pudiera superar las 300 víctimas lo que la ubicaría como uno de los eventos más mortíferos en Colombia. / Foto propiedad de: Noticias RCN
Lo que pasó
Cuando amaneció sobre Mocoa, ya los flujos de detritos y/o barro habían arrasado buena parte de los barrios de la ciudad. Mocoa quedó irreconocible. / Foto propiedad de: lapatria.com
En la noche del 31 de marzo y la madrugada del 1 de abril de 2017, fuertes lluvias provocaron los desbordamientos de los ríos MocoaMulato y Sancoyaco, generando deslaves y flujos de lodo en varios sectores de la cabecera municipal de Mocoa que causaron la destrucción de viviendas, puentes y arrastraron vehículos a su paso. Fueron arrasados 17 barrios de la ciudad, de los cuales 5 barrios quedaron destruidos totalmente. Se reportaron al menos 293 personas fallecidas y más de 400 heridas, con un número indeterminado de desaparecidos (cifras preliminares para el 3 de abril de 2017)
(Con Información de Wikipedia-Mocoa)

domingo, 29 de septiembre de 2013

ANÁLISIS / Gestión de riesgos y libertad de opción



Por: Adelfo Solarte

El español Fernando Savater, uno de los más reconocidos filósofos de nuestros días, suele colocarnos contra las cuerdas con sus diáfanas reflexiones sobre temas de naturaleza profunda. La libertad, por ejemplo.
En su famoso texto Ética para Amador, Savater explica que los seres humanos “podemos decir sí o no, quiero o no quiero”, ya que  “nunca tenemos un solo camino a seguir sino varios”. Es  decir - siempre con Savater - a diferencia de cualquier otra especie, los seres humanos podemos optar  por algo que no esté en el programa.
La libertad se traduce, pues, en alternativas, caminos, opciones, colocadas delante de nuestras vidas y de las que somos libres de elegir. Ahora bien, Savater aclara que pese a que es cierto que “no podemos hacer cualquier cosa que  queramos”, también es cierto que  “no estamos obligados a querer hacer una sola cosa”.
El filósofo nos orienta en este punto y nos precisa dos facetas de la libertad: No somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido, cumplir año en tal fecha, padecer de cáncer) sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (ser prudentes o temerarios, vengativos o resignados). Lo otro es que esa libertad nos abre la posibilidad de intentar “algo” pero no tiene nada que ver con el hecho de lograr ese “algo” de forma indefectible.
Por lo tanto, una forma para poder sacar el mayor provecho de nuestra libertad es mejorar nuestra capacidad de acción, según plantea Savater. Y de forma simpáticamente didáctica lo explica así: “Soy libre de  querer subir al Monte Everest pero dado mi lamentable estado físico y mi nula preparación en alpinismo, es prácticamente imposible que consiguiera mi objetivo”. El filósofo concluye esa parte de su disertación recalcando que si bien hay  cosas que dependen de nuestra voluntad (y eso es ser libre), “si no me conozco ni a mí mismo ni al mundo en que vivo, mi libertad se estrellará una y otra vez contra  lo necesario. Pero, cosa importante, no por ello dejaré  de ser libre… aunque me escueza”.
La libertad, en suma, es consustancial al ser humano y aunque plantea la posibilidad del equívoco, podemos capacitarnos para elegir la opción, el camino, más conveniente para nosotros. Esa libertad es, a fin de cuentas, una opción ética.
Y ya que Savater habla de caminos y alternativas, en un aparte del sabroso libro “Auge, caída y levantada de Felipe Pinillo, mecánico y soldador o yo voy a correr riesgo” (Guía de la red para la gestión local del riesgo), el abogado y comunicador colombiano Gustavo Wilches-Chaux presenta a la gestión del riesgo precisamente como “el camino hacia el desarrollo sostenible”. O, para decirlo de otra forma, un buen camino, el que nos conviene.
Wilches-Chaux pone como telón de fondo el tema de la libertad que tiene la sociedad actual en cuanto a   tomar la "decisión" sobre la ruta que deba seguir un proceso en la disyuntiva peligro-oportunidad.
En este contexto de decisiones, el comunicador colombiano no deja  dudas de que cualquier alternativa, acertada o cuestionable, “está en manos de los actores sociales”. Por eso recalca el hecho de que  si el proceso opta por una u otra dirección, no dependerá  “de factores ‘automáticos’ o espontáneos,
sino de las aptitudes (capacidades) y actitudes (conductas) de quienes en un momento dado y desde una u otra posición, son los protagonistas del proceso”.
Termina planteando Wilches-Chaux  que la gestión del riesgo es “una herramienta de decisión y de administración (…) una herramienta que permite convertir las amenazas y los factores de vulnerabilidad en oportunidades de cambio positivo: pasar del riesgo global a la sostenibilidad global”.

Sé que no lo hicieron, pero Savater y Wilches-Chaux  parece que se hubiesen puesto de acuerdo para decirnos que cualquier escenario que no se nos venga encima  es de única y exclusiva responsabilidad humana. Suya, mía…de todos.